martes, abril 26, 2005

El sueño de Verlaine

El poeta tenía un sueño familiar:

"A veces tengo un sueño extraño y penetrante
de una mujer desconocida que me ama y que amo,
y que no es, cada vez, totalmente la misma
ni es otra diferente, y me ama y me comprende".

No hay mayor fortuna que los sueños logrados.


Salicio

lunes, abril 25, 2005

Educando a Rita

Es el título de una película de 1983 en la que un profesor da forma a Rita, una mujer que desea volver a estudiar. En 1989, "Cartas a Iris" muestra la relación entre una mujer viuda y un cocinero acomplejado porque no sabe leer ni escribir.

Ambos filmes me parecen —aún hoy— algo pretenciosos y convencionales. Siempre entendí la adquisición del saber como una conquista difícil, inacabada y permanente del género humano; es decir, de los hombres y de las mujeres.

Como hombre que me sé y me siento —y al que sólo otro hombre puede comprender cabalmente—, nunca aspiré a "educar a Rita", aunque sí la he buscado desesperadamente.

"Rita" está enamorada de la vida, le apasiona leer, reflexiona; milita en el partido de la opinión propia, no es intolerante ni sexista, ama la libertad, le estremece el arte y la fragilidad del ser humano; es honrada, no calcula, tampoco es manipuladora; fiel a sus sentimientos, a veces es amiga y otras, compañera. Es tan interiormente hermosa, tan deslumbrante, que otra belleza no importa.

A lo largo de mi vida, he encontrado a "Rita" en algunas mujeres que a veces pasaron a mi lado sin verme. Hoy soy un hombre con suerte: "Rita" es mi compañera.

Nemoroso.

viernes, abril 15, 2005

Ubi sunt

Recuerdo aquellas palabras —y otras tuyas como si fueran mías— igual que se recuerda la cola de un meteoro, querido Salicio. Me quedó en la memoria una estela fugaz y radiante, una imagen fría y honda que centellea. Recuerdo la ingenuidad, es decir, la vida. Entonces un yo adolescente miraba el mundo como se mira al cielo o a una mujer: con estupor, con vértigo y con deseo. Pero aquello pasó... Y en este instante preciso en que la palabra escrita se ordena y se conforma en renglones disputando a la realidad de la noche la realidad imposible de los sueños, he de confesarte a la par el pudor y la feroz alegría que me embarga al sentirme todavía capaz de poner en pie mis fantasmas y hacerles bailar al ritmo de las teclas del ordenador.

Querido amigo, si fuese capaz de interponer un narrador —o varios— entre el pronombre yo y los signos de la escritura, igual que se interpone una cámara de fotos entre el ojo y la realidad, entonces sería capaz de escribir a menudo, casi tanto como de respirar. De verdad, Salicio, que nada me gustaría más que contar como sabe mirar el objetivo de una cámara y registrar así con simple precisión las emociones de la realidad.
Tal vez lo intente.

Nemoroso.

jueves, abril 14, 2005

República de las letras

lunes, abril 04, 2005

Memoria

Recuerdas amigo Nemoroso estas palabras:

Escribo caso porque sí, como si –por decir una atrocidad- estuviese en mi propia naturaleza; escribo para dar vida o formar o -!qué sospecha¡- deformar a mis fantasmas interiores, mis entes ideales o mis entelequias quizás. No creo en la afirmación ni en la negación, me parecen ambas fanatismos; creo que el hombre sincero es duda, resbalo, abismo, y a él me dejo ir.

Salicio